Sobre la Madurez Organizativa

Análisis sobre cómo la madurez de una organización depende del equilibrio entre las individualidades y una cultura común fuerte y unificada.

Rafael Calbet Carrillo

1/8/20261 min read

La madurez individual se relaciona con la coherencia entre pensamiento, emoción y acción , pero la madurez de los grupos y organizaciones se define por el equilibrio. Este equilibrio busca el máximo aprovechamiento de las individualidades que comparten un proyecto, balanceando lo que es común a todos con lo específico de cada persona. El elemento común indispensable en los colaboradores de un proyecto empresarial debe ser la Cultura.

Las organizaciones requieren una cultura que sea "una" y "fuerte". Es frecuente ver organizaciones donde prevalecen múltiples culturas o interpretaciones (por departamentos o zonas), lo que provoca que se gasten energías en luchas internas de poder en lugar de enfocarse en el mercado, generando un aporte económico negativo. La confrontación de culturas debilita el proyecto común y las sinergias; bajo estas condiciones, "uno más uno es menos que dos".

Por el contrario, cuando el vínculo en torno al proyecto es fuerte, las diferencias suman y enriquecen, ya que se busca la mejor idea para la organización y no la victoria del ego personal. En este escenario, "uno más uno es mucho más que dos", logrando un aprovechamiento real de la diversidad.

El liderazgo efectivo no debe ser una visión cortoplacista orientada solo a "lograr la cifra", sino a desarrollar equipos para obtener resultados a corto, medio y largo plazo. Un buen líder construye cultura y aglutina talentos en ambientes expansivos. Existe una relación directa entre el vínculo y la flexibilidad: a mayor vínculo, mayor capacidad de aprendizaje y corrección (asociación sana entre Ser y Hacer); a menor vínculo, mayor rigidez y miedo al error (asociación errónea entre Ser y Hacer).